28 de septiembre, 2020

Reflexión: Las pataletas

Por: Magaly Rebaza

Tengo una amiga muy querida con un corazón de oro. Advierte que no hará ésto o aquello, pero termina haciéndolo pues es muy generosa. Siempre termina haciendo más que lo que le corresponde a pesar de quejarse.  Más de una vez me ha dicho que ya no puede más, que es demasiado para ella. Más de una vez me dijo que todos piensan que ella es muy fuerte pero que en realidad no lo es. Más de una vez me dijo que ésto se acabó, que ya no avanzará ni un centímetro más. Y pasado poco tiempo me cuenta con entusiasmo las aventuras, los retos y logros que alcanzó. Ella ama a sus hijos, su familia, sus proyectos y el trabajo. Pero creo que sobretodo ama la vida buscando ayudar a que las personas sean mejores cada día. Yo la admiro y aprendí a trascender sus reacciones inmediatas y sus “no”, porque ya sé que terminarán con un “sí” de acciones cumplidas. Es de esas mujeres que pueden tener pataletas emocionales, explosiones, pero el amor a los demás le tiene conquistado el corazón.

Y el otro día luego de hablar con ella, me puse a pensar lo que son las “pataletas”. ¿Quién de nosotros no ha tenido por lo menos una cuando era niño? Ese impulso fuerte de no querer hacer lo que toca, no querer regresar de la casa del amigo, no querer parar de hacer lo que nos gusta y tantas cosas donde se nos pedía algo bueno y necesario, pero donde lo visceral, las ganas, las emociones y el simple querer era tan fuerte que no había razones que pueda convencernos. Pataletas propias de un niño que aún necesita madurar y entender que es mejor hacer el bien a pesar que nos cueste, pues luego se verán los frutos.

Y en el muro de una buena amiga leía una frase de Mario Benedetti que me parece interesante y cierta: “A veces tu mente necesita más tiempo para aceptar lo que tu corazón ya sabe”. Sin embargo, creo que puede darse también lo contrario: “A veces tu corazón necesita más tiempo para aceptar lo que tu mente ya sabe”. ¿Será algo así lo que nos ocurre cuando seguimos teniendo pataletas, aunque ya no seamos niños, porque sabiendo las buenas razones, no queremos hacer lo mejor?

Es todo un misterio éste de tener la conciencia de lo que es mejor, y no querer hacerlo. El no tomar una decisión por el bien sino por ser más fácil, con resultados más rápidos, lo que nos da satisfacciones inmediatas, etc. Es como saber que los tesoros cuestan, que anhelamos vencer ese defecto o conquistar esa virtud y cuando tenemos la oportunidad en frente elegimos lo contrario.

Sí, aceptémoslo. Somos adultos de edad, pero tenemos aún inmadureces y pataletas espirituales. Unas que terminan quedando en la historia porque hicimos lo mejor y otras que sí nos ganaron.

Sin embargo, la conciencia de ser así puede desanimarnos cuando no tenemos esperanza de ser mejores cada día. Por ello creo que es bueno y no es ingenuo el aprender a alegrarnos no sólo con los grandes cambios en nuestra vida, sino también con esas pequeñas luchas ganadas, esas acciones sencillas en las que sí tuvimos la valentía y el esfuerzo de llevarlos a la acción a pesar de este impulso de no querer. Esos logros que no se ven, pero que son los pequeños escalones que nos llevan a conquistar con la ayuda de Dios las grandes batallas.

Por ello, me encanta que el Señor conociéndonos y animándonos, nos cuente esta parábola tan cierta y humana. Nos invita a obedecer al Padre aunque sea como aquel que dice que no quiere ir a trabajar a la viña, pero al final sí va. Experiencia en la que nos confirma que sí cumplimos la voluntad de Dios incluso si lo hicimos a regañadientes. Y Él se alegra, pues nos conoce bien y sabe el mérito y el amor que hay en ello.

Creo que esas pequeñas o grandes acciones realizadas a pesar de no querer, no fueron una tortura querida por Dios, sino el costo  de cambiar esos hábitos negativos que tanto daño nos hacen y que ya parecen ser parte de nuestra personalidad. Creo que es algo así como esa figura en la que somos una obra maestra de Dios y en la que Él debe tallarnos en los lugares que sobran y donde obviamente duele más. Quién mejor que Él para pedirnos lo que más necesitamos…

Qué libertad saber que Jesús nos comprende tanto. Qué bendición saber que nos dice de tantas formas que está esperándonos para escuchar nuestros reclamos, nuestras luchas, lo que no nos parece y cuánto nos cuesta. Él está a nuestro lado, dándonos su fuerza y su gracia, luchando con nosotros y comprendiendo perfectamente nuestros dilemas…

Alegrémonos con Él de nuestras pequeñas y grandes batallas, de nuestras pataletas que terminaron con un SI. Y levantémonos con Él de nuestras caídas. Todos estos son grandes pasos que nos ayudan a construir un puente lleno de luz y color para estar más libres, más unidos a Él, más maduros para amar a los nuestros, más dispuestos a construir verdaderas relaciones de amistad y comunión, más fuertes para cargar a los que amamos y así poder ser un testimonio del poder de Dios en nuestra vida y en la de cada ser humano.

Que esta semana podamos buscar a Jesús y contarle nuestras luchas y esfuerzos. Busquémosle para pedir esa gracia que necesitamos para ser de los hijos fieles que quieren permanecer en la Viña del Padre.

Mt 21,28-32

NOTA: No olvidemos un detalle de este pasaje: El hijo que dijo que no y luego fue, es el que RECAPACITÓ. Es decir, el que entró en sí mismo para ser consciente de lo que hacía, es quien cumplió la voluntad del Padre. Aprendamos y habituémonos a ser personas conscientes de nuestras reacciones, de nuestro pensar, actuar y sentir. Es un paso fundamental para madurar y crecer cada vez más.

Les comparto este video que nos ayuda a comprender este Evangelio. Cuenta el encuentro muy lindo de un hombre con Dios…

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Magaly Rebaza es Laica Consagrada en la Fraternidad Mariana de la Reconciliación. Licenciada en Educación Secundaria con Especialidad en Filosofía y Ciencias Sociales. Tiene estudios y experiencia en Tutoría y Orientación. Tiene un interés muy grande por ayudar a que las familias se entiendan como la primera escuela de amor y felicidad. Anhela que todo ser humano entienda que el cielo empieza aquí en la tierra.

Si deseas leer más reflexiones de ella puedes entrar a su blog Asombro y presencia

 

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